Peine formado por placas dentadas unidas por remaches de hierro (de los que se conservan tres) entre dos travesaños de sección plano-convexa, de 18 mm de ancho y decorados con cuatro ranuras cruzadas, pequeños ocelos y estrías transversales. El extremo conservado es una placa con dos perforaciones circulares cerca de las esquinas y un borde cortado con motivos puntiagudos y redondeados; en su anchura se han trazado cuatro semicírculos concéntricos. Las varillas muestran huellas de haber sido cortadas después del ensamblaje. La composición de la decoración -estrías apretadas y entrecruzadas mezcladas con ocelos- remite a peines procedentes de una zona que se extiende desde la actual Suiza hasta Panonia a finales de la época romana. En cambio, la sección plano-convexa y la anchura de sus varillas centrales, así como sus extremos cortados y perforados, lo acercan a las series de finales de la Antigüedad y principios de la Edad Media, descubiertas en el noreste de la Galia. A finales de la Antigüedad y durante todo el periodo merovingio, este accesorio para el peinado se convirtió en un objeto que simbolizaba el rango social y la integración de una moda procedente de Europa central; pasó a formar parte del traje al llevarse suspendido del cinturón gracias a sus extremos perforados. Este fenómeno se manifestó en su depósito en tumbas, como en Poitiers.